DE NUEVO EN MÁLAGA

     

 

De mi vuelta a Málaga, una vez superadas las dificultades propias de todo principio de asentamiento, fueron quedando atrás las dificultades del primer año. Trabajé mucho, en un ambiente musical favorable, alcanzando por días metas impensables en la Málaga que dejé diez años atrás. El cambio político lo viví desde Italia, por ello me sorprendió el comprobar que muchos estudiantes de instrumentos de arco, habían descubierto metas en su formación, que ya no se podían alcanzar con los recursos existentes. Teníamos una Constitución con un Gobierno Autonómico para Andalucía y el camino hacia la Democracia se iba consolidando.

Mi trabajo pronto empezó a ser conocido y apreciado, hasta conseguir una estabilización económica que me permitió admitir algunos alumnos a la vieja usanza, seleccionados entre esas personas que siempre quisieron hacer una guitarra, un violín u otro instrumento. A ellos les dedicaba dos horas al final de mi jornada en el taller, sin dejar de construir y hacer restauraciones, siempre a la espera de poder entrar en contacto con las autoridades que pudiesen apoyar mi proyecto de Escuela.

De esta primera experiencia, practicada con más vocación y entusiasmo que conocimientos pedagógicos, guardo recuerdos imborrables. Durante cuatro años, todos los días, incluyendo sábados y algunos domingos, pasaron por mi taller, personas con deseos de aprender, cuya procedencia social, profesional y edad era de lo más variado.
Entre ellos, había un taxista que de joven fue modelista de fundición en la misma empresa que yo trabajé, dos catedráticos, un bombero, un empleado de prisiones, un matemático, un comerciante, un clarinetista, un contrabajista, un guitarrista, un arquitecto técnico, una profesora del conservatorio, una italiana profesora de español en Roma y un joven canadiense, ejemplo de voluntad y vocación con la idea fija de establecerse en Andalucía.

El esfuerzo de aquel experimento de Escuela se vio compensado con un notable éxito en dos vertientes complementarias. En la profesional, conseguimos guitarras con categoría suficiente para que fuesen expuestas y catalogadas en el Teatro Cervantes, en una exposición organizada y dirigida por Eusebio Rioja, en 1989, con el título de “Quinientos años de Guitarra en Málaga”, y en lo social, las tertulias que solían alargar las horas de clase donde, además de comentar la actualidad de entonces, surgían los temas de siempre, sobre política, religión, ciencias, arte, música etc., expuestos por aquellos que más podían aportar al tema surgido, en base a sus conocimientos sobre el mismo, y que en muchos casos se debatían con criterios conservadores o progresistas, en un ambiente de tolerancia y respeto, unidos por nuestra idea común de amor a la Artesanía , a las Ciencias, al Arte y a la Música.

Este último comentario lo incluyo por el entusiasmo que ponía Miguel Alarcón, Catedrático de Historia y apasionado del flamenco, cuando hablaba de su experiencia como alumno. Nunca olvidó destacar con cariñosos recuerdos, las tertulias que solían poner fin a las clases. Su muerte, a finales del 2006, la hemos sentido todos los que le queríamos, fue un amigo inolvidable y un tertuliano brillante, pronto a colaborar con el aporte de su sabiduría. Antes, en 1995, también sufrimos la pérdida de Paco Gómez, muy querido por todos los que tuvimos el privilegio de su amistad, dejándonos el inolvidable recuerdo de su nobleza.

En poco tiempo los comentarios favorables a este primer intento, se fueron expandiendo fuera de Málaga. Nunca olvidare el apoyo y sincera colaboración que tuve siempre, de mi colega y amigo Ramón Pinto Comas y demás miembros de la Casa Parramon en Barcelona, en mi trabajo y en la idea de Escuela.

Poco tiempo atrás se había constituido La Asociación Española de Maestros Luthier, siendo Presidente desde su fundación Ramón Pinto. De esta asociación, pronto formamos parte mi hijo y yo, colaborando con su Presidente y demás socios en el asentamiento de sus bases, primero como socio y más tarde como Presidente. A los pocos años, por divergencias en algunos criterios personales, esta asociación se dividió en dos, con parecidos estatutos, que mantienen la misma meta de divulgación y profesionalidad de la Lutheria.

Después de la exposición en el Teatro Cervantes, conseguí ponerme en contacto con el entonces Concejal de Cultura Curro Flores, persona que demostró interés y sensibilidad hacia mi proyecto, y como consecuencia de este interés, El Ayuntamiento solicitó al INEM una Escuela Taller con esta especialidad, con la idea de empezar lo antes posible y tener dos años de tiempo para elaborar un proyecto más de acuerdo con la idea original.

En poco tiempo se consiguió la Escuela Taller , y desde el principio obtuvimos apoyo directo y personal de dicho Concejal y del entonces Alcalde Pedro Aparicio, melómano de profundos conocimientos musicales y de gran sensibilidad artística.

 

 

 

Fueron tres años de acontecimientos muy personales. El Ministerio de Cultura me concedió la Medalla de Plata a las Bellas Artes, distinción que también, a título póstumo, se le concedió a mi querido y admirado amigo Gonzalo Martín Tenllado, que había fallecido unos meses antes. A pesar de estar convencidos de nuestro parentesco por el apellido “Tenllado”, siempre dejábamos cualquier tipo de investigación para más adelante. Trabajamos juntos en la Universidad de Granada y a los dos nos propuso para esta medalla Antonio Martín Moreno, Catedrático de Musicología.

La entrega de medallas fue en Madrid, en el Ministerio de Cultura por la Ministra Carmen Arboch, en un acto muy emotivo.

Al Festival Internacional de Música y Danza, “Manuel de Falla”, en Granada, siendo su director Antonio Martín Moreno, me invitaron para impartir Cursos de Lutheria, en dos ocasiones. (Creo que al éxito de estos Cursos, se debió la oferta que me hicieron para dar clase de Organología, en el departamento de Musicología, de la Universidad de Granada, como profesor contratado, que dejé después de tres Cursos, cuando marché a Sevilla).

 

 

Atras...